Hotel Reconquista
Lucía
Patricio
1. Reconquista
12:21
Lkhgygutylkjhlkhgljhgkjhgkjhglkjhkljhlkjh
Cuando a las 2 de la mañana, a mí se me ocurre arrancar con algo que se asemeje a un principio de historia, Lucía y sus deditos en el teclado no deja de garabatear lo que parece un mensaje oculto iraní.
skjdhudksjkjhskdjhfkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkkk
Con una paciencia que hasta hace seis meses me desconocía, le corro la manito - o "ese racimo de chorizos" como le dice su tío Patricio- y borro la segunda fila que formó la letra kkkkkkkkkk descontrolada.
A ver Lucía, ayudame a pensar, le digo, ¿Cuál es el principio de todo esto? ¿Por dónde arranco?
¿Por el día que llegué de Buenos Aires a Montevideo con vos en la panza y me crucé con la azafata del barco llorando en el baño? ¿Por el día que le dejé a Mercedes mis 26 pares de zapatos?. No! ya sé... por el día que me ratee del colegio y descubrí que tu abuelo también tenía una amante.
Lucía me mira con esos ojazos almendra y sus pestañas inexistentes. Hace alguna mueca que no distingo si es sonrisa o bostezo y el golpe de la puerta de la cocina, me aleja de la escena.
Cuando la vuelvo a mirar, Lucía o la Lulu, como le dice Salvia, ya está mordiendo mi celular.
Es verano y algunos ventiladores crujen en las habitaciones de planta baja. Hace un par de días que Ricardo se fue a ayudar al hotel de Punta del Este y me dejó sola con este caos que como Cenicienta, parece evaporarse apenas pasada la medianoche.
Lucía me toca el cachete y lo aprieta con fuerza. Es hora de irnos a dormir. De intentar por lo menos.
Me resigno a la idea de empezar a escribir mi historia esta noche. Entonces, me paro haciendo malabares para que no se me caiga, agarro mis cosas y pienso:
Lucía es el principio. Y esto tiene que empezar así, con ella sentada a upa mío en este viejo hotel de la calle Reconquista donde vivimos hace más de un año y desde donde se vería el mar si no fuera porque el Teatro Solís se interpone, majestuoso.
Cuando la vuelvo a mirar, Lucía o la Lulu, como le dice Salvia, ya está mordiendo mi celular.
Es verano y algunos ventiladores crujen en las habitaciones de planta baja. Hace un par de días que Ricardo se fue a ayudar al hotel de Punta del Este y me dejó sola con este caos que como Cenicienta, parece evaporarse apenas pasada la medianoche.
Lucía me toca el cachete y lo aprieta con fuerza. Es hora de irnos a dormir. De intentar por lo menos.
Me resigno a la idea de empezar a escribir mi historia esta noche. Entonces, me paro haciendo malabares para que no se me caiga, agarro mis cosas y pienso:
Lucía es el principio. Y esto tiene que empezar así, con ella sentada a upa mío en este viejo hotel de la calle Reconquista donde vivimos hace más de un año y desde donde se vería el mar si no fuera porque el Teatro Solís se interpone, majestuoso.
Esto empieza así: Son las 2 de la mañana, estoy sentada frente a la compu, y nosotras dos, "las Luna" somos las únicas despiertas del lugar y parece que todavía, ningún huésped se anima a necesitar algo.
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