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4. Amanecer en Uruguay
16:39¿Qué haría yo sin Salvia!? Si desde las 7 de la mañana, cuando el sol uruguayo partía mi ventana despertando a madre e hija, que Lucía anda...
¿Qué haría yo sin Salvia!? Si desde las 7 de la mañana, cuando el sol uruguayo partía mi ventana despertando a madre e hija, que Lucía anda con ella de acá para allá en su cochecito acompañándola a limpiar las habitaciones.
Siempre le digo a Salvia que para mí, mi mamá, desde el otro lado del río, le está pagando un sueldo para que haga de abuela… sino no se entiende.
Desde que llegué hace más de un año, tan de casualidad a este hotel con mi panza escondida y mis monosílabos, Salvia llega todas las mañanas y me busca en el cuartito del fondo de Planta Baja donde duermo hacinada entre mis valijas y las ajenas, me despierta a tiempo y me trae un té.
Y desde que nació Lucía, no puede oírla llorar.
- Damela, Vitoria, sos tremenda Vitoria, te llora en la oreja y no hay manera de que te desperties, por dio!
Con su vocesita aflautada pero medio carraspera, como si estuviera afónica desde hace siglos o se acabara de levantar. Sus manos son regordetas con las líneas de la vida marcadas como surcos secos por donde ya no pasa el río, como en su viejo Paysandú natal.
Salvia no me dijo nunca su edad, pero debe andar en los sesenta y con una agilidad envidiable que le permite a ella, mientras yo me tomo un café en la recepción, escribo y respondo consultas de Booking, cambiar una sábana y sonreírle a Lulú, acomodar un almohadón, y sonreirle a Lulú, pasar las aspiradora y sonreirle a Lulú.
Lucía la adora, no hay dudas. Con ella no llora, no pide upa y se queda sentada tranquilita en la sillita.
- ¿Quién es la linda de Salvita? La Lulú- dice Salvi con unas morisquetas que sólo puede dedicarle a ella.
Y yo las miro y agradezco que las cosas se hayan ido acomodando y que Salvia sea Salvia y mi cuartito del fondo mi lugar, y Lulú mi familia... y Ricardo! Ricardo mi jefe que, además, acaba de entrar arrastrando los pies, seguro enojado por algún mal manejo de la sede de Punta del Este... y es una pena porque con su enojo el Reconquista se oscurece.
Pero ahora, corto acá mis ratitos en la compu, y le preparo como desde hace más de un año su vacito de licor de chocolate para que se calme un poco, se siente, se desahogue y las nubes del mal humor se dispersen por el aire aclarando en mi nuevo hogar. Porque estoy cansada confundida y mi vida es un caos... pero aprendí hace rato que mientras salga el sol en Uruguay, todo vale la pena.